Fueguitos


Hermosa noche de Abril, en perfecta soledad y silencio. De fondo algunos grillos y las luces de la ciudad desde el piso 12 simulando la sinuosidad del Boulevard Marítimo. Un café express y un chocolate con menta para invocar a Calíope, mientras los gatos se pasean sobre el teclado. Mientras, ronda la idea de las personas transformadoras, a propósito de la muerte de Galeano y su mar de fueguitos.

Y es que es indiscutible que el intercambio con otros fuegos nos cambian, nos mejoran, nos purifican. Es cierto también que hay fuegos bobos, que no saben ni quieren arder. Pero esos fuegos pasan sin pena ni gloria y no son los que vienen a cuento. En cambio, los otros, los que saben arder, para bien o para mal, nos transforman. A veces con alegría, otras veces con amor y otras con tremendo dolor.  Pero en todos los casos nos colman de sabiduría. Algunos fuegos sacan tantas chispas que aunque el agua del tiempo los apague, el aprendizaje queda para siempre, y ya no volvemos a ser los mismos nunca más.

Por eso agradezco esos fuegos que me abrasaron (literalmente) porque hicieron una versión mejorada de mi.

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2 comentarios en “Fueguitos

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