Norte


veleta

Miedo al miedo, ya no se podía más. Hospitales, guardias, cuellos ortopédicos, análisis, faltazos, benzodiazepinas, inhibidores de recaptación de serotonina, pupilas dilatadas, piernas sin fuerzas, cabeza a punto de estallar. Tocar fondo. Una voz interior repetía, probá otra cosa, probá otra cosa, lo que sea. Reiki era la palabra. Googleé reiki + nuñez y apareció un lugar. No pierdo nada con probar. Y un día de septiembre llegué puntual 19.00 hs para una terapia. Desconfiada de lo que pudiera encontrar. Vergüenza de hacer algo no racional para tratar de curar algo irracional.

Me atendió una pareja y me pidieron que me recueste en una camilla. El lugar era agradable, repleto de naranja por todos lados, aromas y sahumerios, dos gatos siameses se acercaron a recibirme también. Me taparon los ojos, me cubrieron el cuerpo para que no tenga frío y me dejé llevar.

Las sensaciones fueron variadas, mi mente trataba de registrar cada cosa. La desconfianza duró 30 minutos y los últimos 30 me dejé llevar. Las sensación de liviandad me llamó la atención, la eterna e insoportable cosquilla en la espalda se me reveló como Kundalini. El calor y los colores, movimientos de luz en la oscuridad de los ojos cerrados.

Al terminar, me dieron un feedback como de una hora más, cuando me paré, me sentí liviana. No creo que hubiera efecto placebo en algo en que realmente no creía. Pero me sentí muy bien, serena y sin miedo. Volví manejando de Nuñez a Flores a las casi 9 de la noche como flotando. Ni los colectivos ni los tacheros lograron sacarme de mi paz. Definitivamente, algo se movió, no sé qué, no sé como funciona, no sé por qué, pero algo se acomodó.

De ahí en mas, decidí aprender esto de lo que siempre me reí y desconfié, y de a poco me fue transformando. Los problemas no desaparecieron, pero sí se redujo la ansiedad a tal punto de ser manejable y desaparecieron las imprevistas visitas al hospital y los pedidos de ambulancia.

Me volví a conectar conmigo misma, quizás eso me sanó, o me volvió más loca, pero definitivamente la ansiedad se fue en picada. Me hizo sacarme la careta de la falsa intelectualidad, y derribó el mito que para mostrarse inteligente no se puede buscar lo intangible. Muchos me miran escépticos y hasta se reír de lo que hago, pero mi dulce venganza llega cuando necesitan ayuda y terminan pidiéndome que les pase las manos. Nadie cree en brujas… 😉

Genio Kevin Kendle

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