Worst place to work – La fábrica de humo – Parte I


Parece que a Don Pablo todos los noviembres se le da por despedir a alguien. Es curioso por la fecha en sí, aunque tiene mucho sentido. Pasa que el boliche de Don Pablo está sujeto a la Ley de Software, entonces, por cada empleadito que tiene recibe a fin de año bonos para descontar impuestos (hasta el 70%) en base a las cargas sociales y aportes patronales de los esclav, digo de los empleados.

El año pasado me tocó a mi, este año a otro que justamente había entrado para mi posición. Es probable que en noviembre ya haya cobrado estos bonos, por lo que ya está libre para despedir las manzanas podridas.

Pese a que pasó un año ya de haberme ido de ese “almacén de ramos generales”, sigo en contacto con gente de ahí, que a diario me cuentan las penurias que pasan. En mi caso la desdicha comenzó el 1/10/2009, cuando tomé, en base a la avaricia  una decisión que me costaría muy cara. Esto que cuento con tanta vehemencia, no lo hago por despecho, al contrario, podría ser mucho peor como desenmascararlos con los clientes, esos pobres idiotas que compran humo. O acaso conocen muchas empresas de software que primero imprima folletos de productos y luego los desarrolla?  Y entiéndase por desarrollo la etapa de análisis también. Primero vendo lo que no existe, luego lo “invento”.

Como soy analista con mucha experiencia en telecomunicaciones móviles, más específicamente en Roaming, tuve un ofrecimiento muy tentador para formar parte de una mini pyme (o minipimer mejor dicho), presentada como la empresa más promisoria de la Argentina. No como vidrio, y sé cuando una empresa chica quiere resaltar del resto, pero la tentación fue muy grande cuando Don Pablo me ofreció un buen sueldo, 2 a 4 bonos anuales, viajes por el mundo, posibilidades de crecimiento a corto plazo, y todo en un magnífico clima laboral. En esa época yo era personal efectivo de una de las pocas empresas de comunicaciones móviles ganadoras del Great Place to Work en Argentina, con futuro, pero a más largo plazo. En mi puesto era muy respetada y es el día de hoy que tengo las mejores referencias por parte de mis jefes y compañeros.

Me tiré a la pileta, dije: si no lo hago ahora, cuando? Me tengo que jugar, total de última, si me va mal, me voy y listo. Y así fue como, luego de arreglar condiciones tales como: quiero que me paguen el impuesto a las ganancias, quiero 15 días de vacaciones aunque entre en octubre, etc etc. Como no objetaron nada a lo que yo pedía, no me quedó otra que aceptar tan buenas condiciones. Además, como garantía, un compañerito de la primaria trabajaba ahí desde hacía 10 años, así que dije, si el está ahi tanto tiempo, debe ser un buen lugar, con buena gente.

Los problemas empezaron desde el día 1. Ya nomás al llegar, observo que el lugar es más chico de lo que lo recordaba de las pocas entrevistas que tuve ahí. Mi box estaba justo frente al dueño, por lo que lo tenía permanentemente respirandome en la nuca. De la sorpresa fui pasando al espanto cuando ví las instalaciones (tan humilditas!):

* Cocina: esta en un desnivel, tipo subsuelo, con las paredes de concreto al aire, sin revoque. Oscuro, una lamparita de 25W de las viejas. No creo que midiera más de 2×2 y solo había tazas sucias, olor a humedad y una heladerita tipo frigobar para 15 tipos. El tacho de basura inmundo, repleto de porquerías, cajas de delivery, queso de pizza endurecido de un par de días y filtros de café usados, con granos de café húmedos por todas partes. Daba la sensación de que las cucarachas habían huido a un lugar mejor. En la pared de la cocina, había una papel con los cumpleaños de los empleados, no llegaban a mas de 10 o 12 personas, pero el 70% tenía el nombre tachado. Eran personas que ya no formaban parte de la empresa.

* Baño: el famoso “bañito infame”,  medio metro x medio metro, con una canilla monocomando rota que al levantarla se levantaba también el caño. El inodoro, indescriptiblemente sucio y con un cartel que decía: “por razones de higiene, por favor al terminar desagotar el inodoro”. Lo cual demuestra claramente que la gente que ahi trabaja, en más de una oportunidad dejó sus recuerdos sin siquiera apretar el botón.

Con respecto a la compañeros, de lo peorcito que podría esperarse. Pocos y malos. Salvo dos personas, el resto era totalmente abominable. Por un lado estaban los eternos, los que hacía más de 5 años que se venían aguantando al dueño, el mal olor del lugar, y haber vendido el alma por unos pesos más a fin de mes. Y por el otro estaban los otros que si bien hacía poco estaban, hacían mérito para vender su alma lo antes posible. Los primeros eran (son) decididamente mala gente, con las entrañas podridas. Gente que tendría que volver a nacer para ser buena. Los otros, eran simplemente estúpidos. Esa clase de estúpido que es capaz de dejarse meter el dedo en el culo permanentemente y de aducir que en verdad le están haciendo un favor porque están estreñidos. Entre los malos y los estúpidos, me quedo con los malos, al menos ya se qué se puede esperar de ellos.

Mujeres había muy pocas. Una de ellas, que luego se volvió mi mejor amiga, un rayo de luz entre tanta oscuridad, la otra, la persona más rastrera, más envidiosa, y más viperina que conocí. Jamás tuve problemas con mujeres, pero con esta en particular fue la excepción.  Ya desde el primer día, no hizo más que googlearme, investigarme, pasar informes, y cuchichear con el resto sobre mi. Se me hizo la amiga y durante un buen tiempo, confié en ella. Cuando me di cuenta de la verdad, ya era demasiado tarde.  Pero bueno, es lógico, yo entré ganando más que ella, con un mejor cargo, con mejores tetas (modestia aparte) y en teoría iba a ser su jefa. Como las cosas no salían de la manera en que esperaba, me enredó en sus intrigas, y vívia hablándome mal de todos, sobre todo de Gabrielito, el “gerente” (así con minúsculas). Pero, el problema es que ahí todos se odian y se dicen de todo,  viven en una hipocresía, pero como dice la frase: los enemigos de mis enemigos son mis amigos, así que con tal de trepar, me hizo pisar el palito, a mi y a un par más, para luego sentarse por horas con Gabrielito y contarle todo de todos.

Las cosas que ha dicho esta chica!!! Ahhh, si se enterara Gabriel, Don Pablo, Matías, las cosas que Irupé (nombre ficticio, pero que le queda muy bien) ha dicho de ellos. Y si ella se enterara las cosas que el resto han dicho de ella! Pero así viven, en la peor de las hipocresías día a día, viendo como cagar al otro con tal de llevarse un peso más y sumar para el bono. Peso que por otra parte no disfrutan, porque el trabajar para Don Pablo, supone VIVIR dentro de esa oficina mohienta del barrio de Nuñez. De paso, ojo si vas un día a una entrevista en la calle 3 de Febrero para un cargo de analista o project manager para una “minipimer” que se dedica al rubro de las telecomunicaciones. No te dejes estafar… Pedí pasar al baño antes de tomar la decisión de trabajar ahi… En un solo año (2010) de 15 tipos hubo 6 renuncias, una detrás de la otra.

Los gerentes son un caso aparte. Son dos. Gabrielito y Matías, alias “el afiebrado”. Afiebrado porque vive al palo, con la piel hirviendo, siempre calentito,  es baboso hasta con la señora que vende los sánguches a la vuelta de la oficina. A el no le importa nada, a las chicas las saluda con un besito bien en el costadito de los labios. Y cuando te habla, te mira la boca, como diciendo: te como la boca a besos. Si estás en una reunión, se te sienta cerquita para rozarte la piel. No hay una que se salve, ni linda ni fea, ni gorda ni flaca. Todas han sido acosadas por el, hasta la chica que limpia. Se casó y al día siguiente ya andaba regalando chocolates, un asco el pibe…

El otro gerente, Gabrielito, es otro pobre diablo. Llega antes de las 9 y NUNCA se va antes de las 20.00. Debe tener 10 o 12 años en la empresa, igual que el otro. Es el más taimado de todos, se hace el profesional, pero es un pobre tipo, cuya única aspiración es lamerle cada vez mejor el culo a Don Pablo. A sus subordinados les dice que Don Pablo es una mierda de tipo, pero jamás se le enfrenta. Es un hipócrita más. El problema con ambos “gerentitos” es que son dos personas que jamás podrían destacarse en otra empresa. Aprendieron y crecieron ahi, en ninguna otra empresa hubieran llegado “tan lejos”. Si no fuera por Don Pablo Mafia, estarían trabajando de analista en alguna multi o serían agentes de algún call center, pero en español. Porque estos dos hablando inglés dan más vergüenza que Cavallo.

Creo que me extendí demasiado, pero tengo tanto pero tanto para contar de ese lugar, que seguro lo voy a continuar en otros capítulos. En el próximo, cuento cómo es el método de acoso más famoso en Garchecef. Si quieren aprender a hostigar gente, maltratar empleados, bajarles la autoestima y hacerlos sentir un pedazo de mierda, no se lo pierdan. Método Don Pablo de éxito asegurado.

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3 comentarios en “Worst place to work – La fábrica de humo – Parte I

    • Sí, el mundo de sistemas es un pañuelo (y lleno de mocos 😛 ) y hay empresas buenas, regulares y otras que son un verdadero infierno, como Garchecef (nombre ficticio que suena parecido al real). Pese a todo, mi reputación como laburante es excelente así que no tengo miedo si un día me lo cruzo a Don Pablo. No le debo nada y el a mi tampoco (bah, me debe un par de disculpas y los bonos prometidos y jamás pagados). 😀

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