Te quiero, te extraño, nada es igual al ayer


Hoy me levanté muy melancólica. Soñé que  había vuelto a Disney, pero que ya no era lo mismo. Lo mismo me pasa cada vez que sueño con Mar del Plata, mi segunda casa. Los mejores momentos de mi vida los pasé ahí. En MDQ aprendí a caminar, a hablar, a jugar a los juegos electrónicos, a conocer gente nueva cada año, a enamorarme. Hoy, mientras revisaba fotos de esa época y mientras iban apareciendo recuerdos, me acordé que el primer recital al que fui fue uno de Miguel Mateos en la rambla, allá por el 87 u 88. Fui con Sebastián, una especie de primo, digo especie porque en realidad no eramos nada, porque el es el sobrino de mi cuñado, pero como teníamos la misma edad, siempre andabamos juntos y casi siempre coincidiamos en las vacaciones.

La canción que acompañó hoy todo el día es Atado a un sentimiento. Y cada vez que suena no puedo dejar de recordar lo que para mi es felicidad plena. Y me inundan las imágenes del edificio Havanna, o del Palacio Cosmos, de los sacramentos de jamón y queso a la hora del almuerzo en la playa, de las cenas en el puerto, de los primeros levantes en la rambla, de los amigos nuevos en Varese, de la noche en el Torreón con el vecino mendocino que me había movido el piso y por el cual abandoné a mi primer novio, de las milanesas con papas fritas de Don Genaro, de los churros playeros, de los helados bañados en chocolate en Caballo Loco, las caminatas de Varese hasta Punta Iglesias ida y vuelta, de los negocios abajo de la rambla donde me gustaba ver los collares de coral, del alquiler de bicis en la plaza, de las compras en Toledo, de los negocios de canje de revistas, de la Plaza Colón y el trencito de la alegría, de las revistas de Isidoro por 1 peso, del café con leche con medialunas en Atalaya, de la playa del ACA en Punta Mogotes, del bañero, de las tardes lluviosas en el muelle de pescadores dentro del auto viendo a mi viejo darle de comer a los peces, del cartel de Celusal y también de las visitas a la iglesia de Lourdes, a Sierra de los Padres, a Chapadmalal y otras cosas que me parecían aburridísimas, pero que hoy daría todo lo que tengo por visitar junto a las personas que más amo, aunque algunas ya no están.

Por eso, aunque siga amando esa ciudad, y algunas cosas no hayan cambiado, como las lágrimas que no puedo contener cada vez que me voy, los nuevos recuerdos no tienen la misma fuerza que los viejos. Quizás en 20 año cambie de idea; será que siempre anhelamos lo que ya no está y todo tiempo pasado nos parece mejor.

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