Subte


Si existe un lugar donde la humanidad pierde todo rastro de cultura o civilidad, es en el subte. Es muy democrático, porque esta condición agrupa a todos los estratos sociales, sexos, edades. No importa nada más que subir, como sea y a cualquier precio.
No importa que el que quiera salir no pueda, no importa que adelante de la puerta haya otras personas que estaban esperando pasar antes, no importa que haya un viejito, o una embarazada, o una mujer con un bebe en brazos, o un discapacitado. Lo único que importa es entrar como sea, aunque en el paso haya que patear, golpear y empujar. Podría parecer que esto se da porque los vagones vienen llenos en hora pico, todos queremos llegar al trabajo o a casa, pero no, esto se repite todo el tiempo, aún con los vagones semi vacíos.
El tema es llegar antes que el otro, ganarle de mano al resto para obtener el primer premio que es el único asiento disponible. Ahí se impone entonces la pelea de codos y de cuerpos, bolsos y paraguas para ver de qué manera logro ser el primero en atravesar la puerta y ganar el ansiado asiento. Es una carrera cotidiana. Habría que ver la cara de preocupación que tienen por alcanzar lo inalcanzable, y la cara de “tomá, el asiento es mío, boludos!” cuando lo logran.
Humildemente, prefiero el colectivo, no porque viaje más cómoda, ni más rápido, todo lo contrario, sino porque nos comportamos un poco más civilizadamente.

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